Cris Borrero

Perder tu trabajo en plena crisis no es el mejor plan, pero sin duda fue uno de los puntos de inflexión más determinantes de mi vida.

¿Qué pinto yo aquí?

Era lo que me repetía cada vez que iba a una obra a ganarme el sueldo como ingeniera.

Ese no era mi sitio, así lo sentía.

Perder ese trabajo fue la oportunidad de darme permiso para perseguir mi vocación y estudiar lo que realmente me gustaba.

Mi título de Técnico Superior en Dietética, de entrenadora personal y de formadora de formadores en el campo del spinnig, fueron los que cambiaron el rumbo de mi vida y de mi profesión.

Disfrutaba como nadie dando charlas, cursos, atendiendo a mis primeras clientas… y empecé a coquetear con la nutrición deportiva y la salud hormonal femenina.

Iba abriéndome camino y encontrando mi lugar, sin embargo, veía que las mujeres con las que trabajaba no terminaban de recuperar la salud ni alcanzaban sus objetivos.

¿Qué estaba haciendo mal? ¿Qué era lo que fallaba?

Sentía que el ciclo en dietética se quedaba corto.

Había piezas que no encajaban, me faltaban herramientas para poder ayudar a mis clientas como yo quería.

Así que decidí dejar mi Huelva natal y mudarme a Madrid para seguir formándome en nutrición y fitness mientras me sacaba un sueldo pasando consulta e impartiendo cursos en gimnasios, tiendas y distritos comunitarios.

Seguía buscando respuestas, así que me matriculé en la UAM a ver si las encontraba en la carrera de nutrición humana y dietética.

Fue el chasco de mi vida.

Encontré más formación de calidad estudiando de forma autodidacta que en la universidad, así de después de un año, lo dejé.

Intenté abrirme nuevos caminos, sin embargo me encontré con muchos “noes” a la hora de acceder a ciertos cursos o puestos de trabajo, así que me lie la manta a la cabeza y me fui a Irlanda a probar suerte.

Seguí pasando consulta y encontré un trabajo en una “health store” que me enseñó a manejarme con el idioma y a descubrir aquello que me daría las respuestas que buscaba, la medicina funcional.

Estaba convencida de que esa combinación de ciencia, nutrición y coaching sería la que haría encajar todas las piezas del puzle.

Por eso no me lo pensé y me matriculé en el Institute of Health Science donde 4 años después, no solo me convertiría en Nutritional Therapist sino que también pasaría a ser docente y tutora en esa misma escuela.

Nunca hubiera imaginado el abanico de posibilidades y de conocimiento que me iba a encontrar en este país, ni la manera en la que hoy disfruto pasando consulta, impartiendo cursos y formándome más en esta disciplina.

Es mi propia historia personal la que hoy me lleva a ser la cofundadora de Impulsa Nutrición, un proyecto que nace de mí con la intención de aportar claridad, conocimiento y mi granito de arena al crecimiento profesional de mis compañeros TSD.

Y ahora te dejo que conozcas un poco más a mi socia y amiga Cris Gómez, la otra pata de Impulsa Nutrición y la que también ha hecho que este proyecto sea posible.

Cris Gómez

Yo quería ser psicóloga…

Aunque también me gustaba la veterinaria y la medicina forense.

¿Y qué estudié al final?

Ni lo uno, ni lo otro ni lo de más allá, sino Óptica y Optometría.

Tardé 2 años más de lo normal en sacarme la carrera porque no me gustaba nada y me puse a trabajar en una autoescuela y a compaginar estudios de protésico dental.

Decididamente estaba muy perdida.

No encontraba mi camino porque todo me gustaba a la vez que nada lo hacía.

Tras varios años trabajando como óptico en una famosa empresa de cuyo nombre no quiero acordarme, lo mandé todo a la porra y me fui a trabajar a la imprenta de mi padre.

Allí aprendí muchas cosas geniales (como el diseño gráfico y web) pero seguía sintiendo un agujerito de infelicidad, así que para intentar llenarlo con algo que me gustara, estudié varios cursos de nutrición y cocina  mientras seguía trabajando en el negocio familiar.

A mis treintaymuchos, y pese a la opinión de mi padre, dejé el trabajo en el negocio familiar, me saqué el título de Técnico Superior en Dietética y aposté por reinventarme.

Mi verdadero interés por la nutrición y la cocina se escondía detrás de un trastorno de la conducta alimentaria del que no era consciente y que tuve la suerte de descubrir y trabajar en mi formación como Coach de salud. 

Esto me impulsó con más fuerza si cabe a emprender en nutrición, sin embargo me sentía súper insegura con los conocimientos que me había proporcionado el técnico en dietética, así que me puse las pilas y me apunté a tropecientos cursos a la vez.

Y mientras seguía estudiando intentaba ganarme la vida como profesora de cocina y pasando consulta de nutrición y coaching.

Lo intenté… pero no lo conseguí, al menos las dos primeras veces.

Por ganas no era, por esfuerzo y compromiso tampoco… entonces ¿por qué me estaba costando tanto ganarme la vida con lo que me gustaba hacer?

Decidí buscar ayuda y contraté a una asesora en negocios que me abrió los ojos. Entendí los errores que estaba cometiendo y me descubrió una faceta de los negocios que, como buena multiapasionada que soy, me conquistó.

Empecé a aplicar lo que había aprendido con mi asesora y vi cómo mi negocio despegaba y empezaba a ganar un sueldo digno.

Sin embargo fue ahí cuando me vine abajo y me di cuenta de que algo en mí no estaba bien.

Mi negocio en nutrición empezaba a funcionar, era todo lo que había deseado, pero entonces…

 ¿Por qué volvía a sentir ese agujerito de infelicidad?

Intuía que pasar consulta en nutrición me estaba conectando directamente con mi trastorno de la conducta alimentaria.

Por eso decidí pararlo todo y atenderme, eso era lo realmente importante.

Mientras me cuidaba y me daba permiso para apartarme temporalmente de la nutrición, me dediqué a hacer cosas que me llenaran y me gustaran, así que retomé el diseño web y me formé en marketing digital y marca personal.

Empecé a asesorar a algunas amigas y a otras profesionales de la nutrición en el tema de negocio. Incluso inicié un nuevo proyecto en nutrición con una compañera TSD donde yo me encargaba de la parte técnica y la estrategia de negocio y ella de lo demás.

La cosa pintaba bien, sobre todo porque me di cuenta de lo mucho que estaba disfrutando con ello.

Y de repente la vida me juntó con Cris Borrero.

Forjamos una bonita amistad y descubrimos que teníamos muchas cosas en común, entre ellas el sueño de materializar nuestras historias y aprendizajes en algo de utilidad para otros TSD emprendedores como nosotras.

Por eso creamos Impulsa Nutrición, para:

Por eso, si sientes que quieres crecer profesionalmente y
lanzarte a la aventura de emprender en nutrición, esta es tu casa.

Y este es tu regalo de bienvenida: