Cómo ofrecer un servicio de calidad a
tus pacientes que hable bien de ti como profesional de la nutrición y te haga sentir
seguro de estar haciendo un buen trabajo
(aunque no tengas experiencia en consulta)

Por Cris Borrero

Cómo ofrecer un servicio de calidad a tus pacientes que hable bien de ti como profesional de la nutrición y te haga sentir seguro de estar haciendo un buen trabajo (aunque no tengas experiencia en consulta)

Por Cris Borrero

Cómo ofrecer un servicio de calidad
a tus pacientes que hable bien de ti como profesional de la nutrición y
te haga sentir seguro de estar
haciendo un buen trabajo
(aunque no tengas experiencia
en consulta)

Por Cris Borrero

Antes de empezar y por si todavía no me conoces, me gustaría decirte que…

No soy una terapeuta famosa con miles de seguidores en Instagram.

Ni estoy escribiendo un libro de nutrición en patología digestiva o salud hormonal femenina (aunque sea una friki de estos temas)

Ni tampoco me gusta llamarme experta por muchos estudios y experiencia que tenga en la práctica clínica (aunque no sé, quizá debería replanteármelo viendo la cantidad de “expertos” que hay por ahí con cursos de 20 horas…)

Simplemente soy una emprendedora apasionada de la nutrición, con mis limitaciones e inseguridades, que trata de mejorar un poquito cada día y de ganarse el sueldo a final de mes.

Espero que esto no te suponga un problema, y si es así no pasa nada, nos despedimos aquí y tan amigos.

Si sigues leyendo quiero hablarte de mi amiga María y de cómo se lo montó de mal para empezar a pasar consulta

María es mi amiga la madrileña.

A sus 39 años dejó un trabajo fijo en el que llevaba más de una década ganando un buen sueldo y sintiéndose más infeliz que Heidi sin sus montañas.

Quería reinventarse, salir del estrés en el que vivía y sentirse motivada cada mañana, así que apostó por estudiar el Técnico Superior en Dietética que era lo que a ella le gustaba (o eso creía)

Consiguió su título llena de ilusión y a la vez con cierta decepción.

Sentía que no había aprendido todo lo que esperaba y que el temario de algunas asignaturas estaba más anticuado que las cucharas de palo.

Creía firmemente que antes de lanzarse al mundo laboral necesitaba más herramientas y conocimientos.

Así que aprovechando que le quedaba paro, siguió estudiando y llenándose de información como si no hubiera un mañana.

Pasaron varios meses sin saber nada de ella porque “no le daba la vida” y no tenía tiempo ni para un cafecito virtual.

Me daba a mí que mi amiga se estaba vistiendo de seda, porque era la misma mona estresada que conocí hace tiempo.

Fue un lunes por la tarde cuando, sin esperarlo, mi amiga me llamó.

Lo que me contó María me llevó a tomar
una decisión que, sin saberlo, influiría positivamente en mi futuro profesional
(y también en el suyo)

Hablamos largo y tendido.

Le pregunté qué tal le iba con su nueva vida, cómo llevaba sus estudios, si estaba contenta…

Y esto fue lo que me dijo:

«Cris, estoy contenta pero… (cuando hay un pero, malo) también estoy súper agobiada.

Me he apuntado a varios cursos a la vez porque, ya sabes, hay que estudiar mucho para estar bien preparada, pero… ¿Te puedes creer que con todo el tiempo y esfuerzo que llevo invertido no sé por dónde empezar?

Me siento tan insegura que tengo la sensación de no saber nada…»

Pobre mía, estaba más agobiada que el fontanero del Titanic.

Así continuó la conversación:

«¿Es que todavía no has empezado a pasar consulta?» le dije.

«Oficialmente no Cris. Me ha llegado algún caso que otro pero los he derivado porque no me sentía capacitada para ayudarles como Dios manda. Tenía dudas y antes de meter la pata he preferido que les viera otra persona.»

«¿Y por qué no me has llamado para que te ayudara» le pregunté.

«De eso quería hablarte. Me acaba de salir un caso que no sé por dónde coger pero no me gustaría dejarlo escapar. Quiero ganar experiencia en la consulta y… honestamente, se me ha acabado el paro y necesito generar ingresos.

Pero claro, tengo un problema…» 

Y aquí me dijo algo de lo que reconoció sentirse avergonzada

«Es que… no estoy muy segura de saber hacer bien una dieta. He estudiado mucho sí, pero práctica no he tenido apenas. Realmente no sé por dónde empezar.

¿Y si no tengo los conocimientos suficientes?

¿Y si no sé ayudar bien a los pacientes?

¿Cómo voy a saber si lo que hago está bien o mal?»

Me di cuenta de que, en todo su afán de convertirse en una buena profesional, María había cometido un error muy importante (ojo, no es que yo fuera más lista que el perro de la Primitiva, sino que veía en ella mi propio reflejo de unos años atrás)

A ver, formarse es importante, pero el conocimiento sin práctica es como el que tiene un tío en Alcalá.

La práctica en consulta en FUNDAMENTAL, porque tu mejor escuela son tus pacientes.

No tienes que renunciar a casos interesantes o difíciles por no tener experiencia (aunque sí saber decir que no a los que se escapen de tus competencias)

No necesitas hacer un curso de cada especialidad para “saber de todo” y estar preparado para lo que pueda venirte a la consulta.

Tampoco podrás saber lo que te gusta y lo que se te da bien hasta que no empieces a trabajar.

Lo mismo estás invirtiendo tu tiempo, tu dinero y tu esfuerzo en formaciones que te van a ser tan útiles como un submarino descapotable.

No le dio tiempo pedírmelo
porque yo se lo ofrecí antes

No le dio tiempo pedírmelo porque yo se lo ofrecí antes

«María ¿Qué te parece si a partir de ahora aceptas todos los casos que te lleguen y yo te ayudo a resolverlos? Así podrás aprender practicando y generar ingresos con la seguridad de que yo estaré supervisando tu trabajo.»

Después de un largo rato debatiendo entre que si me pagaba o si no, que si no quería ser pesada ni aprovecharse de mi tiempo, que si patatín que si patatán… empezamos a trabajar juntas en ese caso que no sabía por dónde coger.

Me comprometí con ella a: 

Al principio las inseguridades dudas se le acumulaban, pero a medida que juntas resolvíamos los casos y aprendía los protocolos que tenía que aplicar, iba ganando la confianza suficiente como para atender nuevos casos por sí sola y buscar mi apoyo solo en momentos puntuales.

Podrías pensar que María tuvo suerte conmigo (y no te equivocarías) pero yo tuve
más suerte con ella
Podrías pensar que María tuvo suerte conmigo (y no te equivocarías) pero yo tuve más suerte
con ella

No solo porque me hacía unos regalos de la leche (me compraba libros de mi lista de deseos y me enviaba jamón de Huelva, del bueno de mi tierra)

sino porque sus continuas muestras de agradecimiento me hicieron ver lo que ella había conseguido con mi ayuda y lo que yo había conseguido con la suya.

¿Sabes lo que consiguió María?

¿Sabes lo que conseguí yo?

¿Sabes lo que
conseguí yo?

¿Qué consigues con mi consultoría?

A lo mejor se te están ocurriendo alguna de estas preguntas…

No, no hay reembolso.

Si crees que no voy a poder ayudarte o que tomar esta decisión puede hacer que después te arrepientas, es mejor que no compres la consultoría, no hay problema.

No, de ninguna manera.

En un tratamiento nutricional con un paciente no se puede garantizar el éxito.

Hay muchos factores en juego. Desconozco cuáles serán las habilidades del profesional y el nivel de compromiso y honestidad del paciente durante el proceso.

Yo pongo a tu disposición mis conocimientos y mi experiencia pero no puedo responsabilizarme del uso que se haga de ello ni de los resultados que se obtengan, ni de los buenos ni de los malos.

Si después de estudiar tu caso entiendo que se escapa de mis competencias y mis conocimientos, te lo haré saber con toda honestidad y te devolveré el dinero.

Una vez resuelta una consultoría solo podré resolver tus dudas a través de la contratación de una nueva consultoría.

No obstante no soy radical, puedes compartir conmigo lo que te sucede y valoraré qué puedo hacer por ti.

Porque soy española, TSD, estudié nutrición en Irlanda y gracias a estas experiencias he sido testigo de la enorme diferencia que existe entre la formación irlandesa y la española.

Aquí en Irlanda (donde resido desde hace 7 años) la formación tiene muchísimo enfoque práctico y los profesores se desviven por ayudarte. Me apostaría el dedo gordo del pie a que no soy la única que ha vivido una experiencia distinta en España.

Por eso, y gracias a mi amiga la madrileña, me di cuenta de que los TSD necesitamos apoyo (sobre todo) a nivel práctico.

Siento que mis conocimientos y mi experiencia me permiten aportar mi granito de arena para ayudar a mis compañeros en este aspecto.

Esta es una decisión que, sin duda, tienes que tomar tú.

Piensa si quieres ganar experiencia real con la práctica, si quieres tener el respaldo de una profesional con experiencia que te supervise y te enseñe, si quieres generar ingresos a la vez que aprendes…

Ahí encontrarás la respuesta.

Ya sabía yo que no te habías olvidado.

Pues como lo prometido es deuda, te cuento.

María descubrió que le gustaba mucho todo lo relacionado con la salud hormonal de la mujer, pero también descubrió que emprender en nutrición requiere de otros conocimientos y habilidades.

Por eso estudió coaching, marca personal, marketing digital… y terminó enamorándose también de esta faceta del emprendimiento (de la que también te hablaremos más adelante)

Y ahora te desvelo el secreto.

Si donde pone María pones Cris Gómez descubrirás que te he estado hablando de mi socia y compañera de fatigas, de nuestra historia como TSD emprendedoras y de cómo surgió la idea de crear Impulsa Nutrición.

 Reserva aquí tu sesión y atiende a tus pacientes con la seguridad de estar haciendo
un buen trabajo

Cris Borrero

Cris Borrero

Cris Borrero

Cris Borrero

Cris Borrero

Cris Borrero

Si te ha quedado alguna duda o necesitas algo diferente a lo que te propongo aquí, no te cortes, escríbeme a consultas@impulsanutrición.com

Te leeré con gusto y te contestaré lo antes posible.